Autónomo o asalariado: ventajas, desventajas y qué te conviene
Cuando te planteas facturar por tu cuenta en lugar de trabajar con contrato, la pregunta no es solo "¿cuánto voy a ganar?", sino "¿cuánto me voy a quedar de verdad, y qué protección pierdo o gano?". Autónomo y asalariado no son solo dos formas distintas de cobrar: cambian por completo cómo cotizas, cómo tributas y qué red de seguridad tienes si algo sale mal.
Cómo cotizas en cada caso
Como asalariado, tu empresa paga la mayor parte de la cotización a la Seguridad Social (en torno al 30% de tu bruto) y a ti solo te descuentan una pequeña parte (6,5% aproximadamente). Como autónomo, pagas tú la cuota íntegra cada mes, y desde la reforma del sistema de cotización por ingresos reales, la cuota varía según tus rendimientos netos, no es una cantidad fija para todos.
Protección social: la gran diferencia
Este es probablemente el punto que más sorprende a quien pasa de asalariado a autónomo. Como asalariado tienes derecho, casi automáticamente, a prestación por desempleo si te despiden, a bajas por enfermedad cubiertas desde el primer o cuarto día según el caso, y a una pensión calculada sobre tus bases reales. Como autónomo, el "paro" (cese de actividad) exige cumplir requisitos más estrictos y demostrar la caída de ingresos, y muchas coberturas adicionales (como algunas bajas) requieren haberlas contratado expresamente.
Vacaciones, bajas y descanso
El asalariado tiene un mínimo legal de 30 días naturales de vacaciones pagadas al año y descansos retribuidos. El autónomo no factura los días que no trabaja: si no trabajas, no ingresas, salvo que hayas previsto esa situación con ahorro propio o algún seguro privado.
Fiscalidad: IRPF y gastos deducibles
El asalariado tributa por IRPF vía retenciones que calcula la empresa cada mes, sobre su salario bruto. El autónomo declara trimestralmente el IRPF sobre su beneficio (ingresos menos gastos deducibles: material, suministros, parte de la cuota de autónomo, etc.), lo que da más margen para reducir la base imponible si tienes gastos reales del negocio, pero también más responsabilidad y gestión administrativa (o el coste de una gestoría).
Entonces, ¿qué compensa?
No hay una respuesta única, depende de tu situación:
- Si vas a facturar poco más que lo que cobrarías como asalariado, es probable que el asalariado salga mejor parado por la protección social que incluye "gratis".
- Si tus ingresos como autónomo son claramente superiores (con margen suficiente tras gastos y cuota), la diferencia neta puede compensar la menor protección, sobre todo si complementas con ahorro o seguros propios.
- Si valoras mucho la estabilidad y la cobertura ante imprevistos, el asalariado da más tranquilidad aunque el neto mensual sea algo menor.
Para comparar tu caso concreto, con cifras reales de lo que te quedaría neto en cada opción, prueba nuestro comparador de autónomo vs asalariado.